¿Ha llegado ya la crisis a China?

Desde hace bastantes años, desde diferentes medios se anuncia «la crisis China». Una mezcla entre desinformación y deseo que no ha acabado de funcionar.

La única información relevante para formular tal hipótesis suele ser la desaceleración del crecimiento que tal y como escribía en un artículo anterior, resulta bastante inconsistente.

Es cierto que en este último las sensaciones han cambiado.

Los consultores que vivimos en China a menudo usamos una medida muy poco ortodoxa para expresar la realidad de China. Las sensaciones que vivimos en la calle. Sobre todo si estamos permanentemente viajando es posible comparar distintas realidades a lo largo de toda la geografía china.

Un error que a menudo cometen los analistas internacionales es extrapolar la realidad de Beijing o Shanghai a todo el país. Es perfectamente entendible que la realidad de Frankfurt no es la misma que la de Melilla, aunque estén interconectadas. Por ejemplo, durante la crisis de 2008¹ (la mayor sufrida en China en las últimas décadas), la provincia de Guangdong y su símbolo económico principal: la Canton Fair, se vieron severamente afectados, mientras, 1000km al norte, Zhejiang seguía creciendo sin afectarle en absoluto la crisis y atrayendo negocio e inversión.

Desde los estándares occidentales, en cambio, no podríamos llamarlo crisis si tomamos la definición oficial de recesión como “dos trimestres consecutivos de descenso del PIB». Es por esto, que nuestros estándares, a menudo, no son extrapolables a China.

Como decíamos algo se palpa en el ambiente: Falta de liquidez, negocios a la baja, demasiada oferta inmobiliaria, inversiones bursátiles incomprensibles y un largo etcétera.

Desde hace algún tiempo, el sistema de créditos bancarios ha cambiado. La proliferación de empresas prestamistas es evidente y las tarjetas de crédito cada vez se usan más para pagar otros créditos que vencen, en lugar de ser un sistema de pago cómodo y seguro en las compras diarias.

En economía hay una norma llamada las 5:30 que viene a decir que cuando en un país, durante 5 años, hay un crecimiento de endeudamiento de más de un 30%, el sistema financiero colapsa y se entra en recesión. Según los cálculos de algunos economistas, estamos en el quinto año de China en estas cifras.

Es cierto que el gobierno chino está haciendo los deberes y actuando como se debe tanto en épocas de crisis como en épocas de bonanza. Siempre se dice que, en crecimiento, las familias deben gastar y el gobierno ahorrar; en recesión, debería ser lo contrario: las familias tienen menos recursos, gastan menos, y es el gobierno el que debe impulsar la economía. En Europa esa receta se ha prostituido, endeudándose en épocas de crecimiento y sobre-endeudándose en épocas de crisis, pero el gobierno chino, que no se debe a sus votantes y puede realizar políticas impopulares sin castigo electoral, ha podido “ahorrar”² en época de bonanza en lugar de re-invertir su beneficio en el país, pudiendo ahora rectificar situaciones negativas con una fuerte inversión pública.

Es por esto que en 2015 nos llegamos a preguntar si China está viviendo un principio de crisis que está siendo ocultada/compensada por un fuerte intervencionismo gubernamental. Es evidente que las medidas que Joseph Stiglitz³ recomendaba durante la crisis europea (fuerte inversión pública para revitalizar la economía) se están aplicando en China y un ejemplo claro sería la fuerte intervención del gobierno “intentando” detener la caída de la bolsa.

Si estuviéramos en lo cierto y se estuviera produciendo una crisis en China, la estrategia a nivel interior podría estar siendo la correcta (pese al riesgo de burbuja) y, de cara al exterior, el objetivo podría ser aguantar hasta que el resto de países mejoraran y volvieran a importar productos chinos a niveles pre-crisis. El fomento del mercado interior, en un país con un gobierno solvente que desea cambiar su modelo económico podría provocar un descenso del peso de las exportaciones en el PIB total, haciéndolo menos vulnerable a la economía globalizada.

En diferentes certámenes hemos hablado de cómo afectaría una crisis en China, teniendo en cuenta el aislamiento de algunas provincias, la diversidad económica, los diferentes patrones industriales, los distintos mercados a los que está orientada cada micro-economía interior, la diversificación de las inversiones en otros países como Hong Kong, Singapore, Malaysia, Indonesia, Vietnam, etc. O la novedosa presencia de las empresas tecnológicas chinas (BAT) en los mercados mundiales.

Sin entrar demasiado en un análisis sociológico del pueblo chino, también nos podríamos extender acerca de cómo el pueblo chino podría afrontar una crisis profunda, teniendo en cuenta que esta misma generación que vive en la opulencia vivió la época más dramática de la historia de China⁴ (y probablemente de toda la humanidad).

Notas

1. Durante el año 2008 se juntaron diferentes factores que crearon una crisis interna. Por un lado China se vio afectada (en menor grado) por la crisis internacional. En segundo lugar, ante el crecimiento exponencial del país y la presión exterior, se habían tomado medidas para frenar dicho crecimiento. En tercer lugar, y unido a lo anterior, entró en vigor la reforma laboral china que conllevaba grandes avances sociales con el objetivo de frenar la economía. Una gran cantidad de fábricas, principalmente en la provincia de Guangdong se vieron afectadas, cerrando, o trasladándose a otros lugares interiores y también a otros países.

2. China es el mayor tenedor de deuda estadounidense y su distancia con el segundo, Japón, podría ser mayor si consideramos a otros acreedores (como Bélgica) en la estrategia de compra de deuda china.

3. Joseph Stiglitz es profesor de la universidad de Columbia y premio Nóbel de Economía.

4. Medidas como “El Gran Salto Adelante” provocaron entre 15 millones (según el gobierno chino) y 36 millones (según fuentes externas) de muertes por hambruna.

 

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