La primera ruta marítima entre China y España

Año tras año, el mercado chino ofrece mejores oportunidades a sus importadores. De hecho, China se ha convertido en la tercera potencia en importaciones en España, sólo por debajo de Alemania (13.5%, 2018) y Francia (11.1%, 2018), representando el 8.7% del total en el año 2018.

El Galeón de Manila

Probablemente la primera importación del país asiático a España tuvo lugar en el año 1565, cuando el Galeón de Manila, también llamado Nao de la China, comenzó a transportar desde Filipinas a España los famosos mantones de Manila, entre otros productos.

Lo cierto es que la ruta marítima partía desde la isla de Cebú y no de China. Sin embargo, los mantones sí tenían su origen en China, de ahí su ornamentación con iconos orientales como flores, pagodas o grullas.

La historia del Galeón de Manila es muy importante sobre todo por la creación de una ruta marítima a través del océano Pacífico y del Atlántico, unida por el paso de tierra llamado “el camino a Asia” que recorre México desde Acapulco a Veracruz.

En ese momento, China estaba bajo la Dinastía Ming, una de las dinastías que más potenciaron el comercio marítimo.

El barco transportaba productos principalmente de Ceilán, India, Camboya, Siam, Formosa, Japón y China. Todos ellos zarpaban juntos desde Manila, creando así uno de los negocios internacionales más importantes de la época. Llegaban hasta Acapulco, donde eran transportados hasta Veracruz y de nuevo por mar proseguían hasta el puerto de Sevilla.

El comercio y la cultura

Esta ruta comercial duró más de dos siglos, desde 1565 a 1815, por lo que no es de extrañar que en un momento u otro el comercio internacional entre los continentes influyera en la sociedad de la época.

De hecho, la demanda de mantones de Manila creció tanto en España que se comenzaron a importar los primeros gusanos de seda directamente a Sevilla, donde se crearon decenas de fábricas de tejidos de seda especializadas en los mantones de Manila.

La decoración cambió, manteniendo el diseño floral pero con características barrocas; la cultura flamenca se apropió de esta prenda, haciéndolo un símbolo de la ciudad de Sevilla.

Por aquel entonces el comercio internacional era un intercambio de productos que, debido a la ausencia total de ellos en el lugar de destino, suponían un gran choque cultural y éste influía en la sociedad.

Debido a la globalización, los productos ya no llevan consigo ese trasfondo cultural. Sin embargo, a la hora de hacer negocios a nivel internacional, sobre todo con países como China, no hay que olvidar que la barrera cultural existe hasta tal nivel que producía, y sigue produciendo en ocasiones, cambios en todas las sociedades que alcanza.

La dificultad para importar y conocer el mercado de China tampoco es la misma. Ahora es mucho más sencillo. Tal y como dice Adrián Díaz en el episodio 42 “Comprar en China, primeros pasos” de su podcast Lejano Este: “si visitas ferias para comprar productos en tu ciudad, puedes visitar y comprar productos en una feria en París; si puedes visitar y comprar productos en una feria en París, puedes visitar y comprar productos en una feria en China”.

El tren Madrid – Yiwu

Hoy en día podemos transportar nuestra mercancía en barco (enfocado en compras de cierto volumen), por aire e incluso por tren. De hecho, en la actualidad existe el tren Madrid – Yiwu, que recorre una distancia total de 13.052 kilómetros, ocho países y cinco sistemas aduaneros durante sus 16 días de trayecto (datos de 2018), consolidándose como la ruta ferroviaria más larga del mundo.

Las tarifas de exportación de esta ruta son superiores a la marítima. No obstante, el motivo original de esta ruta de comercio era encontrar una vía con costes inferiores al envío por avión, y así fue, aunque también es más lenta. Con respecto a la marítima, el envío por tren sí es una alternativa más rápida: el tiempo promedio de un transporte marítimo es de 45 días, mientras que el del tren es de 16 días.

Un negocio sin fin

Así como la ruta del Galeón de Manila hizo historia, existe otra ruta que marcó un antes y un después en el comercio entre Asia y Europa: la Ruta de la Seda.

Por aquel entonces la Ruta de la Seda no era un camino en concreto, sino un fenómeno en sí del comercio que se generó entre la China Occidental y las regiones colindantes.

No fue hasta la llegada de la Dinastía Han, en el año 122 a.C., que se descubrió el comercio que tenía lugar en el centro de Euroasia: el emperador Han Wu envió a Zhang Qian a las regiones del oeste para encontrar aliados para uno de los muchos enfrentamientos de la época.

El viaje con propósitos militares fracasó, pero durante su trayecto, Qian encontró en tierras remotas objetos de bambú y sedas típicas de las provincias de Yunnan y Sichuan, lo que empujó al emperador a enviar una nueva expedición al mando de Zhang Qian que acabó con la apertura de uno de los mayores negocios del mundo.

Un negocio que aún no ha llegado a su fin y, de hecho, lo más probable es que nunca termine. Al contrario, posiblemente el comercio internacional entre las regiones de Asia, Asia Central y Europa seguirá mejorando y, por ende, la economía del continente euroasiático crecerá.

¿Provocará la Nueva Ruta de la Seda una mayor unión entre los países euroasiáticos, promocionando a los tan olvidados países de Asia Central?

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