Luces y sombras del bike sharing en China

La gente todavía (cada vez menos) se imagina China con 1000 ciclistas parados en los semáforos (igual que se imaginan a niños cosiendo balones de fútbol). Eso es la China de los 80 y nuestra desinformación. En la primera década del S.XXI las bicis desaparecieron completamente de las calles. Era muy muy raro ver a un usuario «normal» en bicicleta, más allá del repartidor de bidones de agua y trabajos similares. Ir en bici era de pobres. Además, al prohibir las motos (en el interior sólo las de más de 250cc), hubo un boom en los ciclomotores eléctricos (que no se consideraban «motos» y no estaban prohibidos). A mediados de la década ’00 empezaron a proliferar los deportistas (clase alta con el full-equipment de Decatlhlon y con mountain-bikes carísimas), los típicos usuarios que se compran hasta el último complemento para subirse a su mega-bici y que la usarían una sola vez.

Con el boom de la venta on-line y los complementos económicos al alcance de todos, se empezaron a ver más bicicletas (aún 1 por cada 50 motos eléctricas, siendo optimista). El problema es que las posibilidades de que te robaran la bici eran directamente proporcionales al coste de la misma. Recuerdo un artículo de un blog de la época que decía que una de las primeras preguntas que se hacían los extranjeros al conocerse era: «cuántas veces te han robado la bici?».

El Bike-sharing ha cambiado bastante el panorama. A los chinos les apasiona usar el móvil para todo, la economía colaborativa se encuentra en alza y la tecnología de servicios/pagos/etc. está bastante más desarrollada que en Europa. Al eliminarse el riesgo de robo, en una sociedad cada vez más concienciada respecto a la contaminación y al poco deporte que se práctica, ya sí se empiezan a ver ciclistas por todos lados. No aquel usuario sobre-equipado que usaba la bici los domingos, sino el estudiante o trabajador que lo utiliza como medio de transporte habitual. Aún así, el porcentaje de bicicletas con respecto a motos sigue siendo realmente bajo y se han generado otros problemas como la acumulación en las aceras, la dejadez del usuario al aparcarla o el poco civismo de las marcas más interesadas en ocupar un espacio para que no lo haga su competidor que calculando las necesidades reales de los usuarios de esa zona.

Las propuestas ecologistas, vuelven a tener costes ecológicos grandísimos pero la nueva generación de jóvenes y no tan jóvenes que empiezan a usar transporte ecológico, sea por la razón que sea, abre una puerta a la esperanza.

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